Nuevo actor político y empate hegemónico.

Por Mariano Massaro.                      (Nota publicada en diario Tiempo Argentino 14/11/15)

asamblea 2Las semanas posteriores al último acto eleccionario produjeron la irrupción de una fenómeno político inesperado, la aparición de grandes sectores de la sociedad que asumieron un papel activo en la campaña presidencial pese a no provenir de la militancia organizada. La oleada participativa de aquellas grandes mayorías silenciosas después de el sorpresiva ascenso electoral de Macri encuentra algunos puntos concretos de contacto con todo el proceso del proyecto nacional, como el respaldo efectivo cuando la batalla de la 125, la semana del bi centenario, o más recientemente con la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso y el último 25 de mayo. Sujeto preponderante de aquel 54% con que CFK consiguió su segundo mandato, esta de vuelta inundando las plazas y calles, rastrillando los infinitos barrios. Allí nace una sinergía que articula la voluntad participativa con la construcción de herramientas de coordinación para receptar la participación ciudadana.


Hay una racionalidad específica que induce estas acciones, mojones de la batalla cultural ganada que traduce en un sentido común dispuesto a defender algunas de las variables estructurales conseguidas; esta visión conecta con un diagnóstico acertado: el balotaje puede colocar a Daniel Scioli en la presidencia si y solo si, si nace del territorio, del voto a voto, del timbre a timbre, es decir, de la construcción de un discurso heterogéneo de baja intensidad de acuerdo a quien sea el receptor y su zona de pertenencia. No se trata ya de mostrar los numerosos e inocultables logros producidos por el kirchnerismo; no, los diálogos territoriales, la campaña de las mil campañas, pone el acento en instaurar la pregunta, inocular un re pensar respecto del voto; busca romper una toma de posición cerrada e instar a cada uno en su propia situación: vos, estas mejor o peor? Tu entorno esta mejor o peor? Y también aparece un segundo eje del mensaje que circula por debajo, el cual intenta recordar que Mauricio es Macri, es decir, descomponer el producto político Macri/Cambiemos y desgranar que políticas están contenidas detrás de los globos y el discurso componedor y sonriente del candidato del PRO.

Pero esta vuelta masiva al compromiso político detrás de la candidatura de Daniel Scioli logró otro hito trascendental, la unidad de todo el FpV, por un lado porque se sobre puso con reflejos veloces al shock que azotó a las conducciones políticas, pero por sobre todas las cosas, porque introdujo un criterio épico que venía escaseando acompañada de un alto grado de eficacia para el objetivo electoral perseguido.

Mientas la dictadura de las formas son el argumento fuerte de la campaña de Cambiemos, la reaparición de las asambleas y plenarios plantan una fuerte resistencia a dicha lógica que elude hablar de política. No estamos frente a las asambleas populares del 2001, sino a una instancia organizacional que no desea pasar a la resistencia, sino darle continuidad a las transformaciones que brindaron una ampliación de derechos y beneficios. El mismo fenómeno asambleario que atraviesa todo el país inocula la necesidad de algunos debates que el campo popular necesariamente abordará desde el 23 de noviembre en adelante.

Desde otra óptica, el resultado incierto y la paridad del proceso electoral expresa algo más que gradualismos respecto a la implementación de algunas políticas, o la mera dicotomía entre estado y mercado, sobre todo marca un estado de cosas irresoluble hasta el presente, constituido por un empate hegemónico histórico donde el campo popular y las élites no pueden imponerse el uno al otro de forma definitiva, pese a haber tenido ambos el acceso al ejercicio del poder desde el estado. Este fenómeno histórico ratificó su tendencia cíclica, cuestión configurada de forma previa a la última elección. Esta hipótesis explicativa del proceso histórico en el cual se miden Scioli y Macri ha de ser un tema de exhaustivo análisis independientemente de quien acceda a la presidencia. La imposibilidad de que alguno de los dos sujetos históricos pueda imponerse, desplazando estructuralmente al otro demuestra y desautoriza las afirmaciones que sostienen que el poder radica solo en el estado. La batalla cultural es la verdadero arena histórica de disputa y la conformación de un bloque histórico que moldee un sentido común perdurable es el escenario específico de esta lucha.
Indudablemente ambos polos aglutinadores han consolidado algunas posiciones en esta guerra de trincheras, pero son logros parciales que por sí solos no tiene la capacidad de definir la disputa. Una disputa que arrastra 200 años y ha asistido al ingreso y egreso de actores políticos, sociales y económicos a ambos bloques en disputa. Éste fenómeno dinámico que se presenta como la imposibilidad de ejecutar una fijación de algunos actores explica parte del empate histórico. Se podría decir con acierto que tal configuración sucede por problemas asociados al des clasamiento de algunos sectores, y seria correcto, aún así no alcanza fuerza argumentativa. La búsqueda de las herramientas analíticas que puedan diagnosticar el porque de este comportamiento pendular de diversos sujetos políticos, debería al menos en principio, rumbear en torno al concepto de hegemonía de la mano de Antonio Gramsci, pero utilizando el prisma de adaptación nacional que aporta Ernesto Laclau al desmenuzar conceptos como el populismo, entre otros.

La vacante histórica dejada por la inexsistente burguesía nacional es central, el altísimo grado de desarrollo de las entidades/organizaciones intermedias, como amortiguador de la disputa principal, aportando estática y confusión a un discurso que busca construir una correlación de fuerza a través de alianzas más que tácticas es otro problema que no todos los países de la región han tenido que soportar.
Las variables economicistas y maximalistas de las izquierdas argentinas ha imposibilitado un precario entendimiento, primero con el peronismo y luego con el kirchnerismo, y los virajes especulativos de algunos sindicatos potentes complejizan el asunto.

La disputa electoral que tiene como protagonistas a Scioli y Macri no es más que el emergente coyuntural de una pelea histórica que pone en juego cuestiones constitutivas tales como: modificar o no la distribución internacional del trabajo asignada a Argentina, es decir una matriz productiva sobre el agro-negocio o diversificada a través de la producción industrial; de la capacidad de contención laboral de una y otra matriz se desprenden niveles de empleo diferentes; por otro lado se disputa el grado posible de igualdad en el país, igualdad económica a través de la distribución de la riqueza, pero también igualdad en el acceso a la conducción ideológica del país. En este contexto y a modo de cierre creo firmemente que no puede ganarse una batalla económica y política, ha menos que se hayan sentado las bases a través de la madre de todas las batallas, la cultural, la cual es multifacética.

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