Un camino posible hacia el Frente Ciudadano

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Por Mariano Massaro.

La línea política desplegada por CFK en el acto de Comodoro Py registró su punto más alto al proponer la creación de un Frente Ciudadano. Antes de adentrarnos en las implicancias que esto tiene, parece oportuno remarcar que la propuesta de CFK esta en consonancia, y da cuenta, de ciertos paradigmas de la construcción política que han hecho crisis con la derrota electoral. Sin agotar toda la significancia de esa crisis, el lanzamiento del Frente Ciudadano invierte los términos de construcción, pasando de un esquema de transformación desde arriba (Estado) hacia abajo, por uno desde abajo hacia arriba, y al mismo tiempo viene a resolver otros problemas políticos, tales como la re adecuación de la dimensión que tendrá el Partido Justicialista en la coordinación de la oposición, el enroque entre resistencia y paso a la ofensiva política, entre otros, a la vez q reafirma su liderazgo.
La iniciativa lanzada por la presidenta han suscitado múltiples interpretaciones en relación a que significa dicho frente, como construirlo y con quien. Rápidamente surgieron desde las organizaciones políticas algunas visiones que pusieron el acento interpretativo en concretar una más amplia y abundante coordinación entre las diversas organizaciones, o mejorar la coordinación legislativa. Decantada las primeras impresiones, surge con cierta claridad que esa línea de acción es un reduccionismo en relación a la política concentrada que expresa la propuesta de CFK, ya que esa lectura corresponde a la etapa anterior, donde se impulsó Unidos y Organizados.
No se trata de un ampliación del FpV, sino de la conformación de un frente que contenga al campo popular en alianza con los sectores productivos de carácter nacional que tengan implicancia en las variables macro económicas que puedan devolver al pueblo la estabilidad y goce derechos que supo tener durante el kirchnerismo.

Un detalle lingüístico quizá aporte una pista para esclarecer la dimensión de la empresa lanzada por la primera mandataria. Repárese en el hecho de que no se convoca a un Frente Político, el cual ya estaba vigente con el FpV, sino que se avanza hacia un Frente Ciudadano, el cual busca romper con el techo que implica el primero. Por lo tanto, la propuesta excede con creces la convocatoria a las organizaciones políticas, asignándoles a éstas, la tarea específica de ser facilitadores para acercar a un lista heterogénea de actores políticos al frente.

Para contestar el interrogante respecto a quienes convocar, CFK brindó una pregunta ordenadora: ¿Ud estaba mejor o peor antes de la asunción de Macri? La respuesta atraviesa todas las identidad política, sin indagar en su procedencia. No se requiere preguntar de donde se viene políticamente, sino dar testimonio de que el despliegue de las políticas neoliberales están vulnerando derechos adquiriros y demostrar una voluntad de accionar políticamente para frenarlas. Este “desorden” político, éste limite ambiguo es la estrategia que puede contener a todos aquellos aceptan en carne propia que están peor.
Pero para augurar un buen futuro de tal empresa es necesario segmentar ese malestar, es decir traducir tal heterogeneidad en sujetos políticos con los cuales poder entablar un debate. Así al exponer brevemente quienes son los sectores fuertemente golpeados y a causa de que políticas puntales comienza a vislumbrarse con mayor precisión a quien y como realizar la convocatoria.
Partiendo de la premisa de una brutal transferencia de recursos de los sectores asalariados a los sectores concentrados de la economía, concretada con a través de una gama muy amplias de medidas ejecutadas por Cambiemos, brota como un actor principalísimo de la convocatoria, las organizaciones sindicales. Estas que vienen, con diversa suerte, peleando por la recomposición del poder adquisitivo, así como resistiendo a los despidos masivos, debieran ser convocados al frente, no solo como agentes reivindicativos, sino, ante todo, como actores políticos. Por que la lógica o la estrategia del Frente Ciudadano excede la mera coordinadora de luchas. Decía, La diferencia radica en romper con el criterio sectorial y las necesidades específica de cada gremio, sin desatenderlo por supuesto, y pasar a una fase donde los sindicatos como actor político planten una lucha directa contra las causas estructurales que golpean a los trabajadores. Nadie espera que esta conversión suceda de forma espontánea e inmediata; ha de recorrerse un camino espinoso para concluir en esa postura.

Complementariamente al sector sindical se ubican las PYMES, columna vertebran del entramado productivo por su volumen y nato regulador del nivel de empleo, y los comerciantes. Estos actores, como los asalariados han sido golpeados de lleno por el enfriamiento de la economía que puso en marcha Cambiemos, con la consecuente caída de la demanda, quien indudablemente es la que guía la oferta. Tanto en el mundo sindical, como respecto de estos últimos actores, la mecánica ante alguna adversidad en la convocatoria institucional, debe ser, y de hecho lo esta siendo, una convocatoria más individual, que devuelve una presión a las conducciones de las distintas instituciones.

Luego de corroborar con dolor que la afirmación de que el kirchnerismo y el macrismo no era la mismo, se abre una nueva página de interacción política con sectores de la izquierda que acepten transitar una unidad de acción contra la ofensiva neoliberal y que renieguen de la consigna que cuanto peor se este mejor es. Cuanto peor esta el pueblo, peor esta. El convite debería ser amplio, intentando sortear un mero acuerdo economicista, solo sostenido por la transferencia de recurso desde la clase trabajadora a las élites, sino extender ejes de contacto de implicancia profunda como la matriz productiva, o la integración regional, o el debate simbólico/comunicacional con la derecha.

Hasta aquí vemos el canal natural para convocar, al ser sujetos institucionalizados es claro, pero la convocatoria se extiende a una heterogeneidad suelta, a esos nuevos sujetos políticos que no comulga con la dinámica de las organizaciones políticas pre-existentes, pero que han engordado la movilización callejera y la agitación política. Así la laxitud de las plazas del pueblo, deben acrecentar el Frente Ciudadano dejando su sello distintivo de regeneración de prácticas democráticas y participativas. La otra cara ciudadana con una consciencia más pragmática, que debe ser convocada, esta integrada por quienes han sido fuertemente afectados por temas tales como los tarifazos o la quita de subsidios. Por el contrario, no hay que despreciar la capacidad de daño que puede provocar el humor social crispado.

Por último, queda por abordar la cuestión del Partido Justicialista en relación a la conformación del Frente Ciudadano. Los puntos de tensión más visibles entre los dos están dados por el rol explícito de oposición del primero y la actitud pendular del segundo, y el liderazgo reafirmado en Retiro de CFK y las pretensiones de reemplazo nacidas desde las entrañas del PJ. Mientras el Frente Ciudadano busca reconfigurar el bloque popular, el PJ, busca aceitar un instrumento electoral dejándolo en condiciones de competitividad, para luego evaluar que línea política hará usufructo de el, es decir, un criterio meramente pragmático.
Véase como el PJ esquiva la posibilidad de someterse a un proceso de actualización democrático, impidiendo una real participación de las 200.000 afiliaciones recientes, a la vez que el Frente Ciudadano intenta contener la todavía vigente crisis de los partidos políticos abriendo la participación e impulsando la política de abajo hacia arriba. Pero como en política no es factible, nadie puede sostener que el nuevo consejo del partido evalúe como beneficioso la participación, aunque tangencial en el frente. Éste es un capítulo que estará atado a la resolución de otras variables que hay que dejar madurar.

Ante el interrogante de muchos, sobre que dinámica debería tener el Frente Ciudadano, ésta se irá configurando de acuerdo al grado de interrelación que alcances los diversos actores. El norte, más allá de la evidente voluntad de la unidad de acción, será consolidar un nuevo bloque histórico para, no solo enfrentar a la restauración neoliberal, sino, y por sobre todas las cosas, para disputarle. El bloque popular que perdió electoralmente en noviembre con la derecha, atestiguaba muchas deserciones; el Frente Ciudadano viene a reconfigurar ese bloque popular, haciendo parir una nueva agenda política en base a todas identidades que lo integran, y presionar fuertemente para convertir la agenda en futuro programa de gobierno del campo popular.

La línea política desplegada por CFK en el acto de Comodoro Py registró su punto más alto al proponer la creación de un Frente Ciudadano. Antes de adentrarnos en las implicancias que esto tiene, parece oportuno remarcar que la propuesta de CFK esta en consonancia, y da cuenta, de ciertos paradigmas de la construcción política que han hecho crisis con la derrota electoral. Sin agotar toda la significancia de esa crisis, el lanzamiento del Frente Ciudadano invierte los términos de construcción, pasando de un esquema de transformación desde arriba (Estado) hacia abajo, por uno desde abajo hacia arriba, y al mismo tiempo viene a resolver otros problemas políticos, tales como la re adecuación de la dimensión que tendrá el Partido Justicialista en la coordinación de la oposición, el enroque entre resistencia y paso a la ofensiva política, entre otros, a la vez q reafirma su liderazgo.
La iniciativa lanzada por la presidenta han suscitado múltiples interpretaciones en relación a que significa dicho frente, como construirlo y con quien. Rápidamente surgieron desde las organizaciones políticas algunas visiones que pusieron el acento interpretativo en concretar una más amplia y abundante coordinación entre las diversas organizaciones, o mejorar la coordinación legislativa. Decantada las primeras impresiones, surge con cierta claridad que esa línea de acción es un reduccionismo en relación a la política concentrada que expresa la propuesta de CFK, ya que esa lectura corresponde a la etapa anterior, donde se impulsó Unidos y Organizados.
No se trata de un ampliación del FpV, sino de la conformación de un frente que contenga al campo popular en alianza con los sectores productivos de carácter nacional que tengan implicancia en las variables macro económicas que puedan devolver al pueblo la estabilidad y goce derechos que supo tener durante el kirchnerismo.

Un detalle lingüístico quizá aporte una pista para esclarecer la dimensión de la empresa lanzada por la primera mandataria. Repárese en el hecho de que no se convoca a un Frente Político, el cual ya estaba vigente con el FpV, sino que se avanza hacia un Frente Ciudadano, el cual busca romper con el techo que implica el primero. Por lo tanto, la propuesta excede con creces la convocatoria a las organizaciones políticas, asignándoles a éstas, la tarea específica de ser facilitadores para acercar a un lista heterogénea de actores políticos al frente.

Para contestar el interrogante respecto a quienes convocar, CFK brindó una pregunta ordenadora: ¿Ud estaba mejor o peor antes de la asunción de Macri? La respuesta atraviesa todas las identidad política, sin indagar en su procedencia. No se requiere preguntar de donde se viene políticamente, sino dar testimonio de que el despliegue de las políticas neoliberales están vulnerando derechos adquiriros y demostrar una voluntad de accionar políticamente para frenarlas. Este “desorden” político, éste limite ambiguo es la estrategia que puede contener a todos aquellos aceptan en carne propia que están peor.
Pero para augurar un buen futuro de tal empresa es necesario segmentar ese malestar, es decir traducir tal heterogeneidad en sujetos políticos con los cuales poder entablar un debate. Así al exponer brevemente quienes son los sectores fuertemente golpeados y a causa de que políticas puntales comienza a vislumbrarse con mayor precisión a quien y como realizar la convocatoria.
Partiendo de la premisa de una brutal transferencia de recursos de los sectores asalariados a los sectores concentrados de la economía, concretada con a través de una gama muy amplias de medidas ejecutadas por Cambiemos, brota como un actor principalísimo de la convocatoria, las organizaciones sindicales. Estas que vienen, con diversa suerte, peleando por la recomposición del poder adquisitivo, así como resistiendo a los despidos masivos, debieran ser convocados al frente, no solo como agentes reivindicativos, sino, ante todo, como actores políticos. Por que la lógica o la estrategia del Frente Ciudadano excede la mera coordinadora de luchas. Decía, La diferencia radica en romper con el criterio sectorial y las necesidades específica de cada gremio, sin desatenderlo por supuesto, y pasar a una fase donde los sindicatos como actor político planten una lucha directa contra las causas estructurales que golpean a los trabajadores. Nadie espera que esta conversión suceda de forma espontánea e inmediata; ha de recorrerse un camino espinoso para concluir en esa postura.

Complementariamente al sector sindical se ubican las PYMES, columna vertebran del entramado productivo por su volumen y nato regulador del nivel de empleo, y los comerciantes. Estos actores, como los asalariados han sido golpeados de lleno por el enfriamiento de la economía que puso en marcha Cambiemos, con la consecuente caída de la demanda, quien indudablemente es la que guía la oferta. Tanto en el mundo sindical, como respecto de estos últimos actores, la mecánica ante alguna adversidad en la convocatoria institucional, debe ser, y de hecho lo esta siendo, una convocatoria más individual, que devuelve una presión a las conducciones de las distintas instituciones.

Luego de corroborar con dolor que la afirmación de que el kirchnerismo y el macrismo no era la mismo, se abre una nueva página de interacción política con sectores de la izquierda que acepten transitar una unidad de acción contra la ofensiva neoliberal y que renieguen de la consigna que cuanto peor se este mejor es. Cuanto peor esta el pueblo, peor esta. El convite debería ser amplio, intentando sortear un mero acuerdo economicista, solo sostenido por la transferencia de recurso desde la clase trabajadora a las élites, sino extender ejes de contacto de implicancia profunda como la matriz productiva, o la integración regional, o el debate simbólico/comunicacional con la derecha.

Hasta aquí vemos el canal natural para convocar, al ser sujetos institucionalizados es claro, pero la convocatoria se extiende a una heterogeneidad suelta, a esos nuevos sujetos políticos que no comulga con la dinámica de las organizaciones políticas pre-existentes, pero que han engordado la movilización callejera y la agitación política. Así la laxitud de las plazas del pueblo, deben acrecentar el Frente Ciudadano dejando su sello distintivo de regeneración de prácticas democráticas y participativas. La otra cara ciudadana con una consciencia más pragmática, que debe ser convocada, esta integrada por quienes han sido fuertemente afectados por temas tales como los tarifazos o la quita de subsidios. Por el contrario, no hay que despreciar la capacidad de daño que puede provocar el humor social crispado.

Por último, queda por abordar la cuestión del Partido Justicialista en relación a la conformación del Frente Ciudadano. Los puntos de tensión más visibles entre los dos están dados por el rol explícito de oposición del primero y la actitud pendular del segundo, y el liderazgo reafirmado en Retiro de CFK y las pretensiones de reemplazo nacidas desde las entrañas del PJ. Mientras el Frente Ciudadano busca reconfigurar el bloque popular, el PJ, busca aceitar un instrumento electoral dejándolo en condiciones de competitividad, para luego evaluar que línea política hará usufructo de el, es decir, un criterio meramente pragmático.
Véase como el PJ esquiva la posibilidad de someterse a un proceso de actualización democrático, impidiendo una real participación de las 200.000 afiliaciones recientes, a la vez que el Frente Ciudadano intenta contener la todavía vigente crisis de los partidos políticos abriendo la participación e impulsando la política de abajo hacia arriba. Pero como en política no es factible, nadie puede sostener que el nuevo consejo del partido evalúe como beneficioso la participación, aunque tangencial en el frente. Éste es un capítulo que estará atado a la resolución de otras variables que hay que dejar madurar.

Ante el interrogante de muchos, sobre que dinámica debería tener el Frente Ciudadano, ésta se irá configurando de acuerdo al grado de interrelación que alcances los diversos actores. El norte, más allá de la evidente voluntad de la unidad de acción, será consolidar un nuevo bloque histórico para, no solo enfrentar a la restauración neoliberal, sino, y por sobre todas las cosas, para disputarle. El bloque popular que perdió electoralmente en noviembre con la derecha, atestiguaba muchas deserciones; el Frente Ciudadano viene a reconfigurar ese bloque popular, haciendo parir una nueva agenda política en base a todas identidades que lo integran, y presionar fuertemente para convertir la agenda en futuro programa de gobierno del campo popular.

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