Una mesa de tres

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Por Mariano Massaro  (Nota publicada en Horizontes del Sur. Edgardo Mocca director)

La promiscuidad de múltiples sectores sindicales, la ofensiva desmesurada del Partido Judicial contra buena parte de la conducción del kirchnerismo, y las implicancias del sostenimiento de la paritaria social, adobado al calor de un discurso que ocupa casi la totalidad del espectro comunicacional han ido generando un terreno fangoso para el re lanzamiento del movimiento nacional, popular y democrático, al tiempo que redujo la eficacia  de resistencia a las políticas neoliberales. Podría hacer uso de una adjetivación más profusa, cuestión que declino solo con vocación de presentar cierto estado de cosas, y sobre el particular presentar propuestas políticas concretas para revertir la situación.
A esa primera línea de dificultades debe añadirse la elección del FpV como contradicción principal por parte de sectores partidarios y sindicales, poniendo en evidencia cierta convicción de no poder vencer desde su correlación al neoliberalismo y en consecuencia lanzan la ofensiva de reclutamiento con vistas a una buena performance electoral.

Pero el escenario resulta aún más complejo, por aciertos tácticos de la derecha como por ineficacia nuestra. Esta ecuación puede visualizarse en el declive de la conflictividad social tanto por la vigencia de la mesa de diálogo que mantuvo el triunvirato de la CGT con el gobierno durante casi un año, como el acuerdo de no agresión entre una parte importante de los movimientos sociales y el ejecutivo nacional. Sin embargo, a esos hechos no puede endilgarse la totalidad del estado de situación. Dejando a salvo, el extraordinario hecho político que significó la Marcha Federal nacida de las entrañas de la CTA y socializada en todos los frentes, o la reciente victoria de los trabajadores bancarios, nuestras acciones políticas evidentemente han declinado, en una línea que va desde la laboral parlamentaria hasta la movilización callejera. Mojones de lucha ha habido muchos, resistencias heroicas también, pero no son la medida de la agenda de resistencia de un movimiento nacional y popular que supo guiar los destinos del país por doce años.

Hemos perdido gran parte de la rebeldía, al tiempo que muchos actores que han revestido en las filas de campo popular, han cedido la ejecución del rol político que les es propio, favoreciendo la existencia de un escenario de mucha confusión.

Los armados y las encuestas

La consistencia del FpV ha sufrido oleaje fuerte con diversas escisiones a la orden del día, así como contorsionismos indescifrables. Las ideas y vueltas de aglutinamientos de intendentes e incluso de algunos gobernadores son propias de la instancia histórica que se atraviesa. Todo el tablero político se conmociona al calor de las encuestas des contracturando rencillas; incluso la lucha política y social se relaja al ritmo de una intención de voto que augura buenos resultados. La centralidad de CFK resulta incuestionable.
Esta vocación de armados reconstitutivos, ha ocupado gran parte de la agenda política, situando en un segundo plano las acciones concretas de resistencia. No se trata de desconocer la urgencia y necesidad de favorecer unidad electoral. Es indudable que de extenderse la atomización de la oposición dará una ventaja al oficialismo difícil de remontar, pero estas operaciones cruzadas ceden responsabilidades políticas que no son asumidas e impiden hacer pie para enfrentar el neoliberalismo. Como corolario de lo expuesto tenemos sindicatos que no lucha, otros que solo lo hacen solo reivindicativamente para su sector pero no con un rol claro de oposición política, organizaciones sociales que administran la tensión social, organizaciones, partidos y dirigentes enfocados en resolver las inclemencias del esquema electoral, y se produce una vacante de ejercicio de rol político sobre el cual hay que trabajar.

 
Mesa para tres

Todas las acciones de la política popular juegan a varias bandas, es decir, buscan generar varios efectos de forma simultánea; la mesa para tres no es la excepción. De lo que se trata es de diagnosticar correctamente los problemas políticos y diseñar y ejecutar acciones políticos para modificar el estado de cosas. En esa línea, sobre sale la falta de cierta rebeldía política, una potencia de acción que pueda de forma simultánea ejercer las reivindicaciones concretas de los diversos actores al tiempo que asumir un rol netamente político que opere, o al menos lo intente, sobre el entramado estructural que ha diseñado la re edición neoliberal. La CTA es una síntesis genuina de la capacidad de representar ambos aspectos. De más esta decir que en esta instancia nadie se salva solo, por eso urge institucionalizar una articulación con otro actor con el cual se viene trabajando, me refiero a la Corriente Federal de la CGT. La rebeldía de ambos sectores tiene capacidad de generar una fuerza de atracción, así como influenciar en otros actores.
Decía, se esta jugando la posibilidad de detener la oleada destructiva del neoliberalismo, pero no solo. También, la incipiente voluntad de relanzamiento del movimiento nacional y popular, el cual requerirá, si seriamente pretender retornar al poder, dibujar los contornos del bloque histórico con el cual lo intentará. En esa ecuación ingresa la tercera pata, a mi entender lo conforman las Pymes, tanto por su rol en el consumo interno y la injerencia en el nivel de empleo, como los destinos entrelazados. Esta mesa de tres, es más que eso; genera sinergia, una suma superior a sus partes.

Esta instancia de interrelación, coordinada detrás de un agenda de cuatro o cinco puntos de consenso, tendrá una injerencia sustancial respecto de la política esquiva de la CGT, pero también forzará a otros actores políticos que deshojan la margarita viendo donde alinearse; en ambos casos, los guiará la voluntad de recuperar la agenda ofensiva que la mesa de tres importa. Todas las operaciones de amortiguación de la tensión social pueden ser barridas por esta agenda política, esa es una de las necesidades de la etapa.

No necesariamente es una herramienta que coadyuve al desarrollo de la herramienta electoral, sino que cumple la tarea de coordinación de la resistencia, así como también intenta ser un catalizador que traiga nuevamente al ruedo a los movimientos sociales, a las organizaciones, a los gremios.
Si continuamos demorándonos, no habrá mucho que administrar cuando volvamos.

 

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